martes, 26 de noviembre de 2019
El Rey Rana (Marie Luise Katschnitz)
EL
REY RANA
Qué
feo es
Tu prometido
Vida
joven doncella
Una
máscara de gas su rostro
Una
cartuchera su cinturón
Un
lanzallamas
Su
mano
Tu
prometido el Rey Rana
Marcha
contigo
(Una
rueda gira para allí, otra para allá)
Sobre
las casas de los muertos
Entre
dos
Finales
del mundo
Se
aprieta
Contra
tu vientre
En
la oscuridad
Solo
atisbas
Su
pelo húmedo
Al
amanecer
Solo
al
Amanecer
Solo
al
Ves
sus
Tristes
Bellos
Ojos.
MARIE LUISE KATSCHNITZ
(Versión de J.L.G.T.)
Aquí, el original
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sábado, 12 de octubre de 2019
Solo la esquina de una calle (Martina Weber)
SOLO LA
ESQUINA DE UNA CALLE
A veces todo pasa en un lugar.
Ahí está la casa,
esa es la acera; eso de ahí,
la farola. El aliento
sobre nieve recién caída. Algo
es casi invisible. Cómo
va errante la sombra del farol
y la luz. Un presentimiento
de posibilidades. Un hombre
pisa la nieve, empuja con esfuerzo
una bicicleta. Huellas de
zapatos como sobre arena blanca, la `[[]línea
de la madurez, una canción.
Son los grandes copos que [[[[navegan.
Usted reconoce los minúsculos,
los tenues, cuando mira a la [[[[farola
en la dispersión de la luz.
Alguien ha vuelto a dejar al perro
suelto. Zoom sobre los rastros
de las patas del perro. Si
uno hubiera sido el niño y
justo con este perro hubiese
corrido por los campos, habría sido verano siempre, [[[[una[[estrecha
porción de prado, uno hubiese
saltado sobre las grandes piedras [[[[hasta
que no hubiera nada que
pudiera pararle, uno temblando
habría hablado con gente, con
extraños, pero ahí no había en [[[[absoluto
gente, uno habría acariciado
con orgullo el cuello del perro,
pero ahí no había en absoluto
cuello, tampoco ningún perro y [[[[nunca
una noche entera cayó nieve.
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lunes, 23 de septiembre de 2019
Carta urgente para Marc Chagall
Me atrevo a copiar aquí un viejo poema de mi libro He heredado la noche (accésit del Premio Adonais 2002) recogido en la antología Llamarse Nadie. Aunque el poema tiene ya más de 15 años, sospecho que la carta sigue siendo igual de urgente y que aún no ha llegado a su destinatario.
![]() |
| Marc Chagall |
CARTA URGENTE PARA MARC CHAGALL
A Francesca Zuccoli
Marc Chagall, píntame un caballo. Un caballo azul. O rojo. O verde.
Solo lo quiero para poder soltarlo. Quiero dejar que vuele su tierna dureza
sobre la tierra ávida, que llore luz y nunca sobre los refugiados, sobre las
ciudades que miran a la muerte con los ojos abiertos y durísimos. Marc Chagall,
niño anciano, viejo niño, date prisa en pintarme un caballo. ¿No oyes las
sirenas?, ¿no sientes los exilios?, ¿no escuchas ningún grito derramando su
hoguera en tu lienzo aún en blanco? Vamos, pinta de azul la sangre, escupe tu
inocencia, orina sobre el fuego, escribe obscenidades en los muros de
Auschwitz, en donde hutus y tutsis afilan sus fronteras, pinta deprisa un
violín herido con una oscura música cayendo sobre Kosovo, sobre los cuerpos
rotos y el cielo de Belgrado, grita, di no estoy muerto, aunque sé que estás
muerto, aunque sé que estoy muerto, aunque sé que estoy vivo con mis manos
inútiles y mi palabra inútil, porque sé que aún estás con tu antorcha paleta,
con tu sed pájaro y tu canción inútil y un caballo que sangra su belleza y la
crucifixión de todos los que aman.
Llamarse Nadie (2019)
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viernes, 26 de julio de 2019
Sala de recuperación (Uljana Wolf)
![]() |
| Uljana Wolf |
sala
de recuperación I
ay
ojalá me hubiera quedado en la sala de recuperación
perdida
en sueños con el goteo debajo de blancas
sábanas
junto a otros que tampoco se encuentran
un
rebaño de ovejas cercanas en el sueño cercanas todavía
dios
y el consuelo allí eran grandes bestias
hermanas
nuestros
pastores que se juntaban se inclinaban sobre nosotros
y
nos preguntábamos delante del enigma de los números
humano:
en una escala de uno a diez di
¿cómo
de grande es tu dolor?—y no habría ninguna
frontera
a la vista que nos pudiera abrir
de
regreso del fondo desde el resoplido
después
de la anestesia— muy cerca de este
yo
apenas distinguible de las otras ovejas
que
junto a sí pastan en la sala de recuperación
sala
de recuperación II
ay ojalá nunca hubiera estado en la sala de recuperación
sorda
encallada temblando en las blancas
barcas
atada junto a otras barcas—
sí
es el último puerto es el húmedo
canal
del sueño con hermanas negras que
como
un tribunal se sitúan en la orilla y a ti
con
rígidas inyecciones, sus dedos, te amenazan:
el
goteo y el diablo cariño pueden oírme
y
tú no puedes oír nada solo este silencio
en
las esclusas el purgatorio médico de agua que
gota
a gota te alimenta por el tubo—
como
bajo tu cama el mar con rápidos
golpes
te roba de nuevo en el sueño
estrella
y mordaza lejos de la sala de recuperación
Uljana Wolf (versión de J.L.G.T)
Aquí, el original
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miércoles, 10 de julio de 2019
Lo pasado en el presente (Goethe)
LO PASADO EN EL PRESENTE
Por la mañana, florecen rosa y lirio
mojados de rocío en el jardín cercano.
Al fondo, familiar, cubierto de verdor,
aquel peñasco va cobrando altura.
Ceñida con un cinto de altos bosques
y coronada de un castillo medieval,
la montaña desciende suavemente
hasta que hace las paces con el valle.
Y acude desde allí un aroma de antaño,
allí el amor nos hizo padecer,
y es que las cuerdas de mi arpa entonces
disputaban su brillo a la mañana.
Donde se oía desde el verdor brotar
la animosa canción del cazador
para encendernos y reconfortarnos
como tanto anhelaba nuestro pecho.
Ahora y por siempre los bosques reverdecen,
así, según su ejemplo, cobrad ánimo,
lo que antaño vosotros disfrutasteis
dejad ahora que otros lo disfruten.
Nadie podrá entonces reprocharnos
guardar para nosotros el placer.
En todas las etapas de la vida
habréis de ser capaces de gozar.
Y con el rumbo que toma mi canción
nuevamente con Hafiz nos topamos,
pues conviene al declinar el día
el goce cultivar con quienes gozan.
J.W.GOETHE, Diván de Oriente y Occidente
(versión de J.L.G.T.)
Aquí, el original
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martes, 11 de junio de 2019
Del aquí y ahora (Durs Grünbein)
DEL AQUÍ Y AHORA
(DEL CICLO: CENIZAS PARA EL DESAYUNO)
(DEL CICLO: CENIZAS PARA EL DESAYUNO)
¿Qué, cuándo la mirada siempre retorna más pronto, el bravo animal,
al cual nada de lo humano le es ajeno? Todo lo nuevo tan solo lo cansa.
Vuelto abarcable, ilustrado, cae fácilmente a través de la ranura
de los encendidos párpados: el ahora fanfarrón, el aquí extraviado.
Lo que siempre comienza piano, como con patitas de ratón y como
/estudio,
amenaza al final desde todos los altavoces. Suda con un fortissimo
la turba congregada, vociferando: “¡Pan ha muerto! ¡Pan ha muerto!”
Ni una vez en lo desconocido está el tiempo tan calmo, que uno
/despreocupadamente
se pueda demorar respirando. En un abrir y cerrar de ojos se echan a
/perder los instantes,
ya que el tono aún se mantiene a flote, el rostro. Con un bolígrafo para
/coser cráneos
garabatea una mano, entumecida, el nombre aprendido. Dios, qué
/dentera.
Versión de J.L.G.T.
(Aquí, el original)
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viernes, 12 de abril de 2019
Epitafio (Wolfdietrich Schnurre)
EPITAFIO
Epitafio
aquí,
esta
piedra:
según
la costumbre
de los padres,
me
hubiese gustado
ponértela ahora
sobre
la tumba como muestra
de
que yo estuve allí.
Sin
embargo,
dónde
estaba yo
cuando el hollín
escogió como tumba
los
vientos;
¿y
acaso tienen
las
piedras alas?
Wolfdietrich
Schnurre (1920-1989)
Versión de J.L.G.T.
EPITAPH
Epitaph
Hier,
dieser Stein:
dem Brauch
der Väter folgend,
legte ich ihn dir
jetzt gern
aufs Grab, zu zeigen,
ich war da.
Jedoch,
wo war ich
als zum Grab
der Ruß die Winde
sich erkor;
und haben Steine
Flügel?
miércoles, 6 de marzo de 2019
Tubinga, enero (Paul Celan)
Me atrevo aquí a ofrecer mi versión de uno de los poemas más traducidos y comentados de Celan, y también quizá uno de los más engañosamente fáciles. La poesía celaniana pone en juego todos los recursos fonéticos, sintácticos y morfológicos de la lengua alemana, a menudo para subvertirlos, con lo cual la traducción se convierte, como mucho, en una aproximación. De ahí también que nada más dañino que pretender que haya una traducción canónica, cuando lo más saludable es contar con numerosas versiones que se acerquen, asintóticamente, al original, pero sin pretender agotar todas sus posibilidades y lecturas.
Las curiosidades lingüísticas empiezan en el título, donde Celan elige para el primer mes del año no la forma usual "Januar", sino la dialectal "Jänner". Conviene recordar la importancia que "enero" alcanza en la poesía del autor, como doble alusión a Büchner y a la conferencia de Wannsee, y por tanto a la "Solución final"... no se olvide que la Hölderlin-Gesellschaft fue creada en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, bajo el patrocinio de Goebbels, en un momento en el que interesaba leer al poeta suabo como un símbolo de lo germánico. Ni tampoco que cuando Heidegger dictó sus famosas conferencias sobre Hölderlin lucía (literalmente) la cruz gamada sobre su solapa.
Mi versión del inicio del poema es, como poco, arriesgada: Celan juega con la estructura morfológica del verbo "überreden" (literalmente, "convencer", "persuadir") y con sus dos formantes, para, mediante un encabalgamiento abrupto, separar el prefijo "über" ("sobre") y la raíz "reden" ("hablar"). De tal manera que los ojos del comienzo son a la vez ojos "convencidos" y ojos "hablados". Por ello, alguna traducción, como la de Arnau Pons, sugiere que es el lenguaje el que ha cegado esa mirada, lo que he intentado reproducir también yo en mi versión, que ciertamente no es nada literal, pero que creo que no traiciona el fondo del poema. Aunque por lo general las traducciones de Reina Palazón me parecen poco atinadas, en este caso la solución que plantea al principio del texto tiene su interés: con ese "con/vencidos ojos" de ecos unamunianos, que sin ofrecer una versión fiel de unos versos quizá intraducibles, puede sugerir lo que de brutal hay en esa aparente persuasión (lástima que, en los versos siguientes, la traducción en la edición de Trotta no esté al nivel de ese comienzo audaz). Por otra parte, me parece importante mantener el ritmo entrecortado del original, cuyos encabalgamientos abruptos parecen imitar la voz balbuciente del poeta-profeta tartamudo del final del poema. Ese tartamudeo lo he intentado asimismo recrear en los versos finales.
Por último, quiero resaltar la dificultad de traducir "Mensch" ("ser humano, persona"). El español "hombre" es un término ambiguo que designa tanto al ser humano genérico como al varón ("Mann" en alemán), una ambigüedad sobre la que habría mucho que decir y que no escapa a cierta geopolítica del idioma (como nos sugiere Chantal Maillard, autora de un texto en el que evoca este poema, sustituyendo la expresión "un hombre" por "una mujer"). Si bien la referencia a la barba de los patriarcas hace pensar en un varón, creo que la expresión "ser humano" en el contexto celaniano, y en el contexto de la memoria de Auschwitz, arrastra una significación nada desdeñable, como contrapunto a un mundo inhumano. Quizá no esté de más evocar la prohibición que pesaba sobre los miembros de los Sonderkommandos que trabajaban en las cámaras de gas y en los crematorios, obligados a referirse a los cuerpos que transportaban no como cadáveres, ni mucho menos como personas (Menschen), sino como Stücke ("piezas", "pedazos"... palabra que, por cierto, también se emplea para referirse a cabezas de ganado). Por ello, he optado por una traducción más literal del término (también lo hace, por cierto, en su versión, Jorge Mario Mejía). Ni que decir tiene que no creo haber solventado ni uno solo de los problemas que arrastra la traducción de este poema. Pero ahí está como una propuesta mas de lectura.
Por último, quiero resaltar la dificultad de traducir "Mensch" ("ser humano, persona"). El español "hombre" es un término ambiguo que designa tanto al ser humano genérico como al varón ("Mann" en alemán), una ambigüedad sobre la que habría mucho que decir y que no escapa a cierta geopolítica del idioma (como nos sugiere Chantal Maillard, autora de un texto en el que evoca este poema, sustituyendo la expresión "un hombre" por "una mujer"). Si bien la referencia a la barba de los patriarcas hace pensar en un varón, creo que la expresión "ser humano" en el contexto celaniano, y en el contexto de la memoria de Auschwitz, arrastra una significación nada desdeñable, como contrapunto a un mundo inhumano. Quizá no esté de más evocar la prohibición que pesaba sobre los miembros de los Sonderkommandos que trabajaban en las cámaras de gas y en los crematorios, obligados a referirse a los cuerpos que transportaban no como cadáveres, ni mucho menos como personas (Menschen), sino como Stücke ("piezas", "pedazos"... palabra que, por cierto, también se emplea para referirse a cabezas de ganado). Por ello, he optado por una traducción más literal del término (también lo hace, por cierto, en su versión, Jorge Mario Mejía). Ni que decir tiene que no creo haber solventado ni uno solo de los problemas que arrastra la traducción de este poema. Pero ahí está como una propuesta mas de lectura.
TUBINGA,
ENERO
Ojos
cegados por la lengua,
cegados por la lengua,
su «un enigma es
lo
que brota de lo puro», su
recuerdo
de
torres de Hölderlin que nadan, entre
gaviotas
volando alrededor.
Visitas
de carpinteros ahogados
a
estas
buceadoras
palabras:
Si
viniera,
si
viniera un ser humano,
si
viniera un ser humano al mundo, hoy,
con
la barba de luz
de
los patriarcas, solo,
si
hablara de este
tiempo,
solo
le
estaría permitido
balbucir
y balbucir
sin,
sin,
sin
parar.
(«Pallaksch.
Pallaksch.»)
Aquí el original.
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Paul Celan,
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viernes, 22 de febrero de 2019
Antonio Machado medita sobre el suicidio en Portbou
Hoy, a los ochenta años de la muerte de Antonio Machado en Collioure, me ha parecido oportuno colgar este poema de aires benjaminianos, incluido en mi libro Hotel Europa, como homenaje al poeta de Campos de Castilla. Uno de los primeros poetas que leí, allí en la infancia, en una curiosa antología llamada Antonio Machado para niños, que incluía aquello de "Soria fría, Soria pura...", que yo me aprendí de memoria sin saber muy bien qué significaba. Quién sabe si aquello, para bien o para mal, no fue el primer paso hacia una titubeante vocación poética. Esta semana me acercaba con mis alumnos de cuarto de la ESO, al poema "Radio Waves" que Raymond Carver dedica a Machado desde la gratitud de quien siente, de alguna forma, que la poesía le ha salvado la vida. Un texto que, en la versión de Jaime Priede, conserva esa complicidad , imposible de confundir con una lectura de ocasión o una afinidad superficial. Uno siente, como Carver, que, aunque llevemos años sin releerlo, Machado está siempre ahí, como amigo de toda la vida o un viejo confidente. Más allá del aura de santón laico y de su enclaustramiento en el panteón de los programas educativos y de las lecturas escolares, lo cierto es que resulta reconfortante volver a Machado, como quien llama por teléfono a alguien con quien uno perdió el contacto hace ya tiempo y cuya voz de pronto nos suena cálida y familiar.
ANTONIO MACHADO MEDITA SOBRE EL SUICIDIO EN PORTBOU
Nos cruzamos en un andén vacío. Ensayamos un gesto semejante a un saludo que el cuerpo, o la sombra del cuerpo, se niega a obedecer.
Lejos crepitan las hogueras. Se acumulan recibos, cartas sin contestar, periódicos de hojas amarillentas, profecías. Son arduos los idiomas.
Esperamos la lluvia. Ahora nieva ceniza.
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Hotel Europa,
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Raymond Carver
domingo, 30 de diciembre de 2018
Feliz Año Nuevo (R. M. Rilke/ Clara Westhoff)
![]() |
| Clara Westhoff |
“Y
ahora queremos creer en un largo año que nos ha sido dado, nuevo, virgen, lleno
de cosas nunca sabidas, lleno de una labor nunca hecha, lleno de tarea,
exigencia y deber; y queremos ver que nosotros aprendemos a tomarlo sin dejar
caer demasiado de aquello que se nos ha otorgado, exigiendo de él lo necesario,
lo serio y lo grande… Feliz mañana de Año Nuevo…”
(Carta de Rainer Maria Rilke
a su mujer Clara Westhoff, 1 de enero de 1907)
(Versión
de J.L.G.T.)
martes, 11 de diciembre de 2018
Hotel Europa según Esther Ramón
El excelente último libro de José Luis Gómez Toré, Hotel Europa (publicado por Siltolá Poesía), cuyo título parece trasladarnos a los vetustos y lujosos hoteles europeos de otros tiempos, nombra en cada uno de sus poemas diferentes lugares, ángulos y matices del crimen relativamente reciente de lo humano contra lo humano, por lo que responde sin duda a dicha función de exhumación de lo poético, pero no solo eso: nos ayuda además a reflexionar sobre ella. Porque no basta con extraer y denunciar, con hacer un recuento exhaustivo de los huesos y de sus contusiones mortales. También se trata de escucharlos, de darles la voz simplemente señalando su ausencia de voz y su silencio violento, definitivo, y preguntarse después si dicha operación logra sanar o reparar algo.
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reseñas
sábado, 24 de noviembre de 2018
Ida Vitale
Tras la reciente concesión del premio Cervantes a Ida Vitale, me ha parecido oportuno colgar aquí un fragmento del ensayo que le dedico a la escritora uruguaya en mi libro Extramuros, revisión del texto previamente aparecido en Vértigo y desvelo: dimensiones de la creación de Ida Vitale, volumen colectivo coordinado por María José Bruña.
"La escritura de Ida Vitale posee este don,
tan difícil, de apresar la vida sin detener su flujo. En ella se cumple ese
deseo que apuntara Ángel González, en un poema/poética: «Escribir un poema,
marcar la piel del agua». Porque quizá esa, y no otra, sea la vocación de la auténtica
poesía, acariciar la piel del mundo, apenas rozar su superficie para no forzar
los precarios equilibrios que sostienen la existencia.
Frente a la vacuidad de los discursos que
ostentan la etiqueta de profundos, la poesía no teme ser superficial, si con
tal adjetivo queremos señalar ese gesto que roza la superficie para adivinar,
con vocación de zahorí, el fondo innominado. «Lo importante está debajo de las
superficies, sospecha Byobu», leemos en uno de los libros de la autora,
pero el protagonista del texto no persigue la profundidad en el Reino de los
Cielos o en un platónico Mundo de las ideas, sino que escarba la tierra como un
topo, para acabar encontrando una lombriz, que parte entonces en dos. Cuando
sus ojos asombrados contemplan el agitado movimiento de dos lombrices, esa
visión le basta a Byobu para sentir «más aire en su conciencia minuciosa». Y es
que la poesía no es una labor aséptica. La escritura mancha los dedos de tierra
y de tinta, interroga a la materia por sus formas. Como «Il Tuffatore» de
Montale, el salto y la inmersión se confunden en el poema, que siempre, aun
antes de arrojarse, ha tocado fondo, lo que sugiere una paradójica forma de
habitar y conocer el mundo.
«Aquí yace Uno cuyo nombre fue escrito en el
agua», así evoca Shelley la inscripción que deseara Keats para su propia tumba.
No era mal epitafio para quien consideró que el logro mayor al que puede aspirar
un poeta es la impersonalidad. Pero en realidad la poesía sabe que todo nombre
ha sido escrito en el agua, por más que el viejo Horacio, en sus Odas,
defendiera que sus palabras levantaban un monumento más sólido que el bronce.
Saber que escribimos palabras en el agua es aceptar, a un tiempo, el libre juego
del lenguaje y la mortalidad. Mortalidad de la palabra, mortalidad del que
escribe, mortalidad del que lee. «Te ibas/ o te habías ido ya,/ dejándonos solo
un trazo». La voz lírica levanta acta del asombro de que somos al borde del no
ser. «Hay días que parecen prestados por la muerte», así comienza el poema,
«Elegías en otoño», del primer libro de la autora, La luz de esta memoria. Asumir que la vida nos ha sido dada en
préstamo no implica renunciar a su valor, sino, al contrario, abrirse al don,
no dejar que se escape lo hermoso aun sabiendo que tiene que convivir, las más
de las veces, con lo mezquino o lo terrible.
[...] La escritura de Vitale tiene el coraje de
nombrar el miedo, de mirar a la cara a la muerte. De aprender «las letras de
las palabras de la nada», como reza la cita de Espriu con que se abre Procura de lo imposible. Pero, frente a
la «nada que, siendo, es poco, y será nada» de un Quevedo, frente al quotidie morimur barroco, aquí es el
cotidiano vivir el que brota de la muerte, como el Sísifo, pese a todo alegre,
que soñara Camus: «feliz naciendo/ de la diaria muerte», dice Vitale. «Nacemos,
sí, para morir nacimos./ Pero antes, cuánto es vida suave», esa convicción que leemos en Mella y criba da su peso específico a la
poesía de la autora, acompaña su trazo, que se hace así solidario de la vida
mortal y vulnerable. El trazo, a la vez delicado y firme, de Vitale parece
querer decirnos que lo esquivo de la existencia solo puede expresarse desde una
palabra consciente de su propia vulnerabilidad, palabra que puede adelgazarse
hasta un quebradizo hilo de voz, pero hilo de Ariadna que resiste pese a todo y
se atreve a esbozar, a trazar un mapa
en los laberintos cotidianos del perplejo vivir, aun a sabiendas de que en
cualquier esquina aguarda nuestro propio Minotauro.
Sabido
es que, entre las Seis propuestas para el
próximo milenio de Italo Calvino, el escritor italiano incluye la «levedad»
como una de esas ideas motrices para la escritura y para la vida. Esa levedad
me parece uno de los rasgos más señalados del trazo de Vitale. Pero, atención, levedad,
no significa falta de vigor ni mórbida delicuescencia. Levedad es, más bien,
escucha, atención a lo que susurran las palabras sin levantar la voz antes de
tiempo, hacerse cargo del peso del mundo sin añadir más lastre. Lo que afirma
Calvino de Lucrecio, el poeta romano, no está demasiado lejos de la percepción
del lector ante la obra de la uruguaya: «La poesía de lo
invisible, la poesía de las infinitas potencialidades imprevisibles, así como
la poesía de la nada, nacen de un poeta que no tiene dudas sobre la fisicidad
del mundo». Apostar por la levedad no implica renunciar a la dureza, cuando es
preciso ofrecer resistencia: «sé cardo, cuando llegaste como lana,/ piedra,
cuando hilo de seda, flotarías» " (Extramuros, libros de la resistencia, 2018)
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María José Bruña
domingo, 18 de noviembre de 2018
LAIKA (UN POEMA DE GÜNTER KUNERT)
LAIKA
En
una bola de metal,
del
mejor que tenemos,
vuela un perro muerto día tras día
alrededor
de nuestra Tierra
como
aviso
de
que con el tiempo podría girar
año
tras año en torno al Sol,
con
una humanidad muerta como carga,
el
planeta Tierra,
el
mejor que tenemos.
Günter Kunert (versión de J.L.G.T.) Aquí el texto original
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domingo, 21 de octubre de 2018
Sils-Maria (Gottfried Benn)
SILS-MARIA)
[][][][[]][][]I
En
la tarde corrían las horas.
Él
escuchaba en la luz del risco
su
estrofa: “todas hieren,
la
última mata…”
Lo
ha leído hasta el final.
Pero
quien las horas piensa
—su
oleaje, su juego, su ser…—
es
que ha encauzado las horas.
Uno
que, al dar nombre, todo
en lo mejor lo convierte,
a
quien las horas no encuentran,
tanto conoce las sombras
y
bebe la luz de las Parcas.
[][][][[]][]II
No
había nieve, solo luz
que
brotó desde lo alto.
No
había muerte, mas todo
se
parecía a la muerte.
Todo
tan blanco, ningún ruego
atravesó
el ópalo.
Algo
asombroso: lo sufrido
se
cernía sobre el valle.
Gottfried Benn, Poemas estáticos (versión de J.L.G.T.)
SILS-MARIA
I
In den Abend
rannen die Stunden,
er lauschte im
Abhangslicht
ihrer Strophe:
„alle verbunden,
die letzte
bricht...“
Das war zu Ende
gelesen.
Doch wer die
Stunden denkt:
ihre Welle, ihr
Spiel, ihr Wesen,
der hat die
Stunden gelenkt —:
Ein
Alles-zum-Besten-Nenner
den trifft die
Stunde nicht,
ein solcher
Schattenkenner
der trinkt das
Parzenlicht.
II
Es war kein
Schnee, doch Leuchten
das hoch herab
geschah,
es war kein Tod,
doch deuchten
sich alle todesnah
—:
es war so weiβ,
kein Bitten
durchdrang mehr
das Opal,
ein ungeheures:
Gelitten
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lunes, 8 de octubre de 2018
Zambraniana
![]() |
| Juan Gris |
“Escribir es defender la soledad en que se está”, afirma María Zambrano en un ensayo temprano, titulado precisamente “Por qué se escribe”. Pero habría que añadir tal vez que se escribe para defenderse de una soledad e instaurar otra. O más bien, para convertir una soledad sentida como ajena, que se nos impone, en una soledad querida, asumida como el lugar de la escritura y tal vez de la vida. Porque en la soledad, como dice Zambrano, se está, ya se está, pero la cuestión es saber permanecer en ella, no buscar sucedáneos, no huir. O en todo caso, crearse otra, la que emana de la propia escritura. Vivimos en tiempos alérgicos a la soledad. Y uno de sus síntomas es la aversión al silencio, el silencio que es, como afirmó Reiner Kunze, la tierra para el poema. Porque toda escritura implica un cierto mutismo, resulta cada vez más difícil de soportar. Estar hiperconectados, en perpetua disposición a dejarnos distraer por mil estímulos, no permite ese cortocircuito, ese movimiento hacia dentro que es, sin embargo, la condición de un verdadero afuera.
Escribir tiene que ver, para Zambrano, con el secreto. Leer no es compartir ese secreto, no es de ningún modo hacerlo público, sino de algún modo resguardarlo. El que lee, el que escribe está en el secreto, como "se está" en la soledad. Se trata de un secreto a voces, pero secreto al fin y al cabo, puesto que, en última instancia, no es comunicable “sino a quién conmigo va”. Como la carta robada en el célebre relato de Poe, el secreto resulta perfectamente visible y, por ello, pasa desapercibido. No basta con repetirlo, pues solo en la escritura tiene lugar. Acaso también en la lectura, si esta se hace asimismo soledad cómplice, nunca si se ejerce como desciframiento u oficio público. La soledad no admite narración ni explicación posible. Es experiencia. Tal vez la más desnuda. Ni siquiera se dice. Está ahí. Pura respiración. Ritmo y vacío. El riesgo del ahogo. Esa intemperie.
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