miércoles, 9 de septiembre de 2009

Bestiario filosófico: el rinoceronte de Wittgenstein y Russell






De una carta de Bertrand Russell del 2 de noviembre de 1911 (el "ingeniero alemán" es Wittgenstein):


"Creo que mi ingeniero alemán está loco. Opina que no es posible conocer ninguna cosa empírica. Le invité a que admitiese que no había ningún rinoceronte en la habitación, pero se negó".

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Cada día (Ingeborg Bachmann)



CADA DÍA

Ya no se declara la guerra,
se prosigue. Lo inaudito
se ha vuelto cotidiano. El héroe
permanece lejos
del campo de batalla. El débil
se adentró en la línea de fuego.
El uniforme del día es la paciencia,
la condecoración, la estrella miserable
de la esperanza sobre el corazón.

Se concede
cuando ya no sucede nada más,
cuando se calla el fragor del combate,
cuando el enemigo se ha vuelto invisible
y la sombra eterna de las armas
cubre el cielo.

Se concede
por la huida ante las banderas,
por el valor ante el amigo,
por la delación de secretos indignos
y el desacato
de toda orden.




Ingeborg Bachmann, Die gestundete Zeit
(versión de J.L.G.T)



(Aquí el texto en alemán)

jueves, 20 de agosto de 2009

Lecturas: Karl Kraus



"EL CRITICÓN: [...] El papel arde y ha encendido el mundo. Las hojas de los periódicos han servido para atizar la conflagación mundial. Lo único cierto es que ha sonado la última hora. Porque las campanas de las iglesias son transformadas en cañones.

EL OPTIMISTA: Las iglesias no parecen tomárselo tan a lo trágico como usted, pues muchas ofrecen sus campanas voluntariamente.

EL CRITICÓN: Que la guerra sea su campanada final. Como ve, el parentesco entre el réquiem y el mortero va saliendo poco a poco a la luz.

EL OPTIMISTA: En cada Estado, la iglesia ruega a Dios que bendiga sus armas...

EL CRITICÓN: ... y contribuye además a aumentar su número [...]"


Karl Kraus, Los últimos días de la humanidad. Acto II, escena 10 (traducción de Adan Kovacsics).


Los últimos días de la humanidad es una obra de teatro irrepresentable (irrepresentable en el mismo sentido en que lo son los dramas irrepresentables de Lorca, con el que, por otra parte, nada tiene que ver Kraus: por la dificultad intrínseca del texto para llevarse a escena -Kraus propone Marte como lugar de la representación- y porque la obra dice en voz bien alta algo que la mayor parte del público no quiere escuchar).

Kraus denuncia la transformación del lenguaje en cháchara vacía, en la impúdica charlatanería de un diálogo convertido en un puro instrumento de manipulación. La violencia sobre los cuerpos encuentra un aliado fiel en la violencia del lenguaje sobre las conciencias, lo que a la postre implica una violencia del lenguaje sobre sí mismo. Kovacsics, responsable de la traducción de la obra, ha comparado recientemente, en su libro Guerra y lenguaje, la violenta arremetida verbal de Kraus con la invitación al silencio de Wittgenstein, cuyo Tractatus no hay que olvidar que fue concebido en buena medida durante la Primera Guerra Mundial, en la que el joven filósofo participó tras alistarse voluntario. Kraus y Wittgenstein, por más que planteen terapias bien distintas, parecen especialmente conscientes de que el lenguaje está minado por una enfermedad (lo cual es una constante en la Viena entre los dos siglos: la Viena de Hofmannsthal, de Musil, de Broch, de Mauthner...). Se trata de una enfermedad en la que, con todo, en el caso de Kraus, resulta difícil saber si la guerra es la causante de la infección o más bien es el propio lenguaje corrompido el origen del mal.

Celan, superviviente de otra guerra aún más terrible, escribió: "Sí, la lengua no se perdió a pesar de todo. Pero tuvo que pasar entonces a través de la propia falta de respuesta, a través de un terrible enmudecimiento, pasar a través de las múltiples tinieblas del discurso mortífero. Pasó a través y no tuvo palabras para lo que sucedió; pero pasó a través de lo sucedido. Pasó a través y pudo volver a la luz del día, "enriquecida" por todo ello".

domingo, 9 de agosto de 2009

Aún hoy




Aún hoy recuerdo
la línea de su vello
que desemboca en el ombligo,
su cara de loto desplegado
y a ella luminosa
como una guirnalda
de doradas flores Champaka.
La recuerdo
levantada de su sueño,
indolente tras la turbulencia del amor
como la sabiduría entregada al delirio.

***

Aún hoy,
en el momento de la muerte,
pensaré en ella,
y también el próximo nacimiento,
en sus ojos, que, erráticos por el placer,
finalmente se cerraron,
suelto el moño de su cabello,
aflojadas sus vestiduras,
relajado el cuerpo de junco,
cisne real en la fronda de los lotos del deseo.

Bilhana, Los cincuenta poemas del amor furtivo (traducción de Óscar Pujol)
(La fotografía, de un templo hindú, está tomada en Udaipur, en el Rajastán).

viernes, 31 de julio de 2009

El santo

De repente, en aquel último y definitivo examen de conciencia, el santo se preguntó si el pecado de orgullo, que tanto le había torturado y que había tratado de expiar a lo largo de innumerables años de penitencia, no ocultaba en realidad otra falta que siempre había considerado una virtud. ¿Debía arrepentirse también de sus excesos de modestia? Al fin y al cabo, el Maestro había resumido todas sus enseñanzas en una sola: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Obsesionado por la idea de la condenación eterna, constantemente torturado por la memoria de sus pecados reales o imaginarios, ¿se había amado él lo bastante a sí mismo? Y si la respuesta era negativa, ¿cómo podía haber amado entonces sin hipocresía al prójimo? Tal vez el odio a sí mismo, que había perseguido día tras día como el necesario tributo a la santidad, no era sino el pecado máximo, una forma diabólica de orgullo que despreciaba el amor misericordioso del autor del universo por todas sus criaturas. El santo permaneció para siempre ante la entrada del Paraíso sin poder decidir si era digno de dar un solo paso hacia sus puertas.

lunes, 20 de julio de 2009

Summertime

Me tomo unas vacaciones y, durante unas semanas, no podré actualizar esta bitácora. Mientras tanto, os dejo con este "Summertime" de la gran Ella Fitgerald.

lunes, 13 de julio de 2009

Vida y destino

Acabo de terminar de leer Vida y destino de Vasili Grossman. Cuando como lector se prefiere, como es mi caso, el ensayo y la poesía a la novela, resulta especialmente satisfactorio encontrarse con un libro como éste que nos recuerda que el arte de narrar es uno de los más nobles empeños humanos. En esta obra maestra, ninguna de sus más de mil páginas sobra. Grossman, como Tolstoi, como Chejov, tiene una habilidad admirable para contagiarse de la mirada de sus personajes y para no perder nunca de vista, junto con las debilidades y las miserias de cada uno de ellos, su irrenunciable humanidad. Como Tolstoi en Guerra y paz, Grossman sabe contarnos a la vez la Historia y la intrahistoria, de tal manera que la batalla de Stalingrado es menos un gran acontecimiento bélico que un clima, en el que tiene tanta importancia el primer plano como el fondo sobre el que se recortan las grandes acciones y los grandes discursos. Grossman se pregunta si el combate entre Hitler y Stalin no supondrá a la postre el triunfo de un Estado autoritario, que, sea cual sea el vencedor, acabará ahogando las ansias individuales, pero también colectivas, de paz y libertad.
A pesar de que Grossman, cercano en esto a sus modelos decimonónicos, no se priva de comentar los hechos novelados, lo decisivo es que su defensa de la libertad individual toma cuerpo en la urdimbre misma de la narración. La voz narrativa sabe aunar lo pequeño y lo grande, guiado siempre por una vocación humanista, que trata de vislumbrar en los gestos mínimos de sus personajes una vía que no acabe ni en Auschwitz ni en Treblinka ni en el Gulag soviético. Su obra es a la vez un testimonio del horror y una tímida, pero imprescindible, apuesta por la esperanza.

miércoles, 8 de julio de 2009

José Ángel Valente en La página



Acaba de aparecer el número 78/79 de la revista La página, un monográfico dedicado a José Ángel Valente en el que he tenido el privilegio de participar con un artículo dedicado a la espinosa cuestión de lo sagrado en la obra del poeta.

El número, coordinado por Jordi Doce (quien contribuye también con un espléndido estudio sobre las traducciones de Valente de Donne y Hopkins) incluye artículos de Antonio Méndez Rubio, Marcos Canteli, Marta Agudo, Luis Muñiz, Carlos Peinado Elliot, Pietro Taravacci, Julio Pérez-Ugena, María do Cebreiro Rábade Villa...

viernes, 3 de julio de 2009

Dioses, poesía y ortodoxia

Hace unos días el diario ABC publicaba un poema inédito de Juan Ramón Jiménez perteneciente al ciclo de Dios deseado y deseante, al que acompañaban algunos artículos sobre la religiosidad juanramoniana, como éste que ocupaba la "Tercera" de ABC:
Si bien los artículos incluidos hacían gala de una prudencia encomiable a la hora de tratar tan espinosa cuestión, uno no puede evitar la sospecha, tal vez infundada, de si no existe el peligro de intentar, consciente o inconscientemente, ir devolviendo a nuestros heterodoxos españoles a la estrecha senda de la ortodoxia.
Sea como sea, por más que el propio Juan Ramón en el poema inédito se pregunte si ese dios deseado no será como el Dios con mayúscula de su infancia, resulta muy difícil hacer una lectura cristiana, y mucho menos católica, de su experiencia de lo sagrado, que se funda en la expectativa de una divinidad inmanente, no trascendente. Esa inmanencia de lo divino resulta difícil de aceptar por la ortodoxia pero no deja de formar parte de la tradición europea: es la pregunta que se deja oír en Spinoza, en Hölderlin, en Pessoa, en Valente... Es más, entre los acercamientos contemporáneos a la cuestión de lo sagrado, resultan por lo general más convincentes (desde el punto de vista estético) las aproximaciones que prescinden de dogmas. Parece como si el arte de los últimos siglos pareciera detectar en el dogma algo paralizante (ni siquiera un texto aparentemente tan dogmático como Europa o la cristiandad de Novalis deja de ser una aproximación muy personal, en el fondo muy poco ortodoxa). Quizá porque, como sabía Valente, la ortodoxia no deja de ser un concepto histórico e, incluso dentro de una misma comunidad religiosa, vemos cómo los conceptos de ortodoxia y heterodoxia resultan más flexibles de lo que las autoridades eclesiásticas están dispuestas a aceptar y es que la cuestión de la ortodoxia tiene que ver más con el poder que con la verdad (no deja de resultar significativo que uno de los pocos autores que ha destacado, en la por lo general escasísima calidad del cine religioso, ha sido Dreyer, en el que la pregunta por el misterio lleva implícito un rechazo ante cualquier forma de intolerancia religiosa). El dogma pretende codificar la experiencia espiritual, es decir, anularla como tal experiencia. La poesía sospecha que el espíritu se desvanece en cuanto deja de ser una experiencia, una aventura hacia lo imprevisible.

lunes, 29 de junio de 2009

Fragmentos de un cantar de gesta en Hartz

René Letona, en su siempre interesante revista Hartz (si no me equivoco, una de las pioneras entre las revistas poéticas digitales en español), acaba de publicar una muy generosa reseña sobre mi libro Fragmentos de un cantar de gesta:

Reseña de René Letona

martes, 23 de junio de 2009

Estar poeta



Escribe Jorge Riechmann en su muy recomendable libro de ensayos Resistencia de materiales la siguiente afirmación, que comparto plenamente: "La estupidez de decir: "soy poeta". Lo más que cabría enunciar es algo así como "estoy poeta": estoy ahora en la poesía. Estoy, pero no sé si seguiré estando en el instante siguiente, mañana, dentro de un año. De ahí la angustia de los más grandes ante la posibilidad -siempre presente- de ser abandonados por la poesía".
La observación de Riechmann me hace pensar en Claudio Rodríguez, no tanto por ese reconocimiento de la poesía como un don pasajero (que también) como por la conciencia del riesgo que entraña la aventura poética. Tuve la suerte (el inmenso privilegio) de asistir a un curso de doctorado dirigido por García Berrio sobre la obra de poeta que contó con la presencia de éste. No he olvidado la mirada de verdadera alarma de Claudio Rodríguez mientras hablaba sobre la posibilidad de que alguien no dejara de ser poeta nunca. Lejos de parecerle algo deseable, el autor de Don de la ebriedad consideraba una suerte de condena que alguien pudiera mirar el mundo a cada instante con ojos de poeta. Escribe Hölderlin: "Nur zuzeiten erträgt göttliche Fülle der Mensch", el hombre sólo puede soportar la plenitud divina por un tiempo. Bien lo sabía el poeta alemán, quien en la carta a Bohlendorf, confesaba haber sido herido por Apolo, el dios que inspira cantos y poemas que es, al mismo tiempo, la divinidad terrible que trae la peste al comienzo de la Ilíada. Dios a la vez de la medicina y de la enfermedad, muestra su rostro ambivalente en ese sol que hace brotar la vida de la tierra y que también agosta los campos.
Piglia cuenta una inquietante anécdota sobre Joyce, quien recurrió a Jung para curar la enfermedad de su hija. Joyce animaba a su hija a escribir, convencido de que esto le serviría, como le servía a él, para expulsar sus fantasmas. Jung, sin embargo, le hizo ver que, aunque padre e hija se sumergían en el mismo mar del inconsciente, Joyce era capaz de nadar en él mientras que la hija se hundía en sus profundidaes sin que ni siquiera la escritura le sirviera para tomar aire de la superficie. Jung lo dijo de manera más concisa y más brillante: "Pero allí donde usted nada, ella se ahoga".

lunes, 15 de junio de 2009

La sombra del membrillo

A pesar de tener que hacer frente a los sempiternos obstáculos que afrontan las revistas culturales, sigue su marcha la revista La sombra del membrillo, un interesante proyecto impulsado por Juan Antonio Cardete que vincula la educación y la poesía, ahora en edición sólo digital.

Acaba de aparecer el número 11 de la revista, para el cual han tenido la amabilidad de pedirme algunos poemas y una breve reflexión sobre la escritura:

La sombra del membrillo. Número 11

miércoles, 10 de junio de 2009

hilos de Ariadna

ARIADNA OLVIDA EL MAR

El rostro reclinó. Desde la orilla
todo era paz. Olor. Inmensidades.

Verdades concedidas al espacio,
suavemente oscilando entre las ramas.

Aspiró el aire frío que se abría
como un sol de papel en los pulmones.

Saber del mar su luz, su pasadizo.

Atrás dejar la sal. Volver a casa.



Ana Gorría, Araña

lunes, 8 de junio de 2009

Un acertijo

Un fantasma recorre Europa.

sábado, 6 de junio de 2009

Carta para una señorita griega



"En nada había cambiado, si lo pensaba con detenimiento, continuaba siendo aquel niño, salvo en la decrepitud de la cáscara de carne que llamamos cuerpo. En el niño estaba ya el hombre que era, pensé, y estaría ahí también el día en que todo llegara a su fin".


Francisco León, Carta para una señorita griega