jueves, 29 de abril de 2010

Enhorabuena, maestro



MIS DOS REALIDADES

Era un pequeño dios: nací inmortal.
Un emisario de oro
dejó eternas y vivas las aguas de la mar,
y quise recluir el cuerpo en su frescura;
pobló de un sol de abejas los huertos de naranjos,
y en torno a tantos frutos se volcaba el azahar.
Descendía, vasto y suave, el azul
a las ramas más altas de los pinos,
y el aire, no visible, las movía.
El silencio era luz.
Desde el centro más duro de mis ojos
rasgaba yo los velos de los vientos,
el vuelo sosegado de las noches,
y tras el rosa ardiente de una lágrima
acechaba el nacer de las estrellas.
El mundo era desnudo, y sólo yo miraba.
y todo lo creaba la inocencia.

El mundo aún permanece. Y existimos.
Miradme ahora mortal; sólo culpable.

Francisco Brines, Insistencias en Luzbel


Entrevista a Francisco Brines en El País

2 comentarios:

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gran poema del gran Brines. Gracias por traerlo. No creo que a estas alturas haya que descubrir el autor de "Las brasas" a nadie, pero si algún lector incipiente se acerca a él por primera vez gracias a la noticia del Premio, pues bienvenido sea éste. Saludos.

José Luis Gómez Toré dijo...

Efectivamente, no creo que Brines necesite publicidad a estas alturas, pero quién sabe, siempre hay algún despistado...