martes, 11 de junio de 2019

Del aquí y ahora (Durs Grünbein)


DEL AQUÍ Y AHORA
(DEL CICLO: CENIZAS PARA EL DESAYUNO)





¿Qué, cuándo la mirada siempre retorna más pronto, el bravo animal,
al cual nada de lo humano le es ajeno? Todo lo nuevo tan solo lo cansa.
Vuelto abarcable, ilustrado, cae fácilmente a través de la ranura
de los encendidos párpados: el ahora fanfarrón, el aquí extraviado.
Lo que siempre comienza piano, como con patitas de ratón y como
                                                                                                      /estudio,
amenaza al final desde todos los altavoces. Suda con un fortissimo
la turba congregada, vociferando: “¡Pan ha muerto! ¡Pan ha muerto!”
Ni una vez en lo desconocido está el tiempo tan calmo, que uno
                                                                                 /despreocupadamente
se pueda demorar respirando. En un abrir y cerrar de ojos se echan a
                                                                                   /perder los instantes,
ya que el tono aún se mantiene a flote, el rostro. Con un bolígrafo para
                                                                                               /coser cráneos
garabatea una mano, entumecida, el nombre aprendido. Dios, qué
                                                                                                       /dentera.

Versión de J.L.G.T.
(Aquí, el original)

viernes, 12 de abril de 2019

Epitafio (Wolfdietrich Schnurre)



EPITAFIO

Epitafio
aquí,
esta piedra:
según la costumbre
de los padres,
me hubiese gustado
ponértela ahora
sobre la tumba como muestra
de que yo estuve allí.
Sin embargo,
dónde estaba yo
cuando el hollín
escogió como tumba
los vientos;
¿y acaso tienen
las piedras alas?

Wolfdietrich Schnurre (1920-1989)
Versión de J.L.G.T.




EPITAPH

Epitaph
Hier,
dieser Stein:
dem Brauch
der Väter folgend,
legte ich ihn dir
jetzt gern
aufs Grab, zu zeigen,
ich war da.
Jedoch,
wo war ich
als zum Grab
der Ruß die Winde
sich erkor;
und haben Steine
Flügel?

miércoles, 6 de marzo de 2019

Tubinga, enero (Paul Celan)


 Me atrevo aquí a ofrecer mi versión de uno de los poemas más traducidos y comentados de Celan, y también quizá uno de los más engañosamente fáciles. La poesía celaniana pone en juego todos los recursos fonéticos, sintácticos y morfológicos de la lengua alemana, a menudo para subvertirlos, con lo cual la traducción se convierte, como mucho, en una aproximación. De ahí también que nada más dañino que pretender que haya una traducción canónica, cuando lo más saludable es contar con numerosas versiones que se acerquen, asintóticamente, al original, pero sin pretender agotar todas sus posibilidades y lecturas. 
 Las curiosidades lingüísticas empiezan en el título, donde Celan elige para el primer mes del año no la forma usual "Januar", sino la dialectal "Jänner". Conviene recordar la importancia que "enero" alcanza en la poesía del autor, como doble alusión a Büchner y a la conferencia de Wannsee, y por tanto a la "Solución final"... no se olvide que la Hölderlin-Gesellschaft fue creada en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, bajo el patrocinio de Goebbels, en un momento en el que interesaba leer al poeta suabo como un símbolo de lo germánico. Ni tampoco que cuando Heidegger dictó sus famosas conferencias sobre Hölderlin lucía (literalmente) la cruz gamada sobre su solapa. 
 Mi versión del inicio del poema es, como poco, arriesgada: Celan juega con la estructura morfológica del verbo "überreden" (literalmente, "convencer", "persuadir") y con sus dos formantes, para, mediante un encabalgamiento abrupto, separar el prefijo "über" ("sobre") y la raíz "reden" ("hablar"). De tal manera que los ojos del comienzo son a la vez ojos "convencidos" y ojos "hablados". Por ello, alguna traducción, como la de Arnau Pons, sugiere que es el lenguaje el que ha cegado esa mirada, lo que he intentado reproducir también yo en mi versión, que ciertamente no es nada literal, pero que creo que no traiciona el fondo del poema. Aunque por lo general las traducciones de Reina Palazón me parecen poco atinadas, en este caso la solución que plantea al principio del texto tiene su interés: con ese "con/vencidos ojos" de ecos unamunianos, que sin ofrecer una versión fiel de unos versos quizá intraducibles, puede sugerir lo que de brutal hay en esa aparente persuasión (lástima que, en los versos siguientes, la traducción en la edición de Trotta no esté al nivel de ese comienzo audaz). Por otra parte, me parece importante mantener el ritmo entrecortado del original, cuyos encabalgamientos abruptos parecen imitar la voz balbuciente del poeta-profeta tartamudo del final del poema. Ese tartamudeo lo he intentado asimismo recrear en los versos finales. 
  Por último, quiero resaltar la dificultad de traducir "Mensch" ("ser humano, persona"). El español "hombre" es un término ambiguo que designa tanto al ser humano genérico como al varón ("Mann" en alemán), una ambigüedad sobre la que habría mucho que decir y que no escapa a cierta geopolítica del idioma (como nos sugiere Chantal Maillard, autora de un texto en el que evoca este poema, sustituyendo la expresión "un hombre" por "una mujer"). Si bien la referencia a la barba de los patriarcas hace pensar en un varón, creo que la expresión "ser humano" en el contexto celaniano, y en el contexto de la memoria de Auschwitz, arrastra una significación nada desdeñable, como contrapunto a un mundo inhumano. Quizá no esté de más evocar la prohibición que pesaba sobre los miembros de los Sonderkommandos que trabajaban en las cámaras de gas y en los crematorios, obligados a referirse a los cuerpos que transportaban no como cadáveres, ni mucho menos como personas (Menschen), sino como Stücke ("piezas", "pedazos"... palabra que, por cierto, también se emplea para referirse a cabezas de ganado). Por ello, he optado por una traducción más literal del término (también lo hace, por cierto, en su versión, Jorge Mario Mejía). Ni que decir tiene que no creo haber solventado ni uno solo de los problemas que arrastra la traducción de este poema. Pero ahí está como una propuesta mas de lectura.



TUBINGA, ENERO

Ojos
cegados por la lengua,
su “un enigma es
lo que brota de lo puro”, su
recuerdo de
torres de Hölderlin que nadan, entre
gaviotas volando alrededor.

Visitas de carpinteros ahogados
a estas
buceadoras palabras:

Si viniera,
si viniera un ser humano,
si viniera un ser humano al mundo, hoy,
con la barba de luz
de los patriarcas, solo,
si hablara de este
tiempo, solo
le estaría permitido
balbucir y balbucir
sin, sin,
sin parar.

(“Pallaksch. Pallaksch.”)


Aquí el original.

viernes, 22 de febrero de 2019

Antonio Machado medita sobre el suicidio en Portbou



 Hoy, a los ochenta años de la muerte de Antonio Machado en Collioure, me ha parecido oportuno colgar este poema de aires benjaminianos, incluido en mi libro Hotel Europa, como homenaje al poeta de Campos de Castilla. Uno de los primeros poetas que leí, allí en la infancia, en una curiosa antología llamada Antonio Machado para niños, que incluía aquello de "Soria fría, Soria pura...", que yo me aprendí de memoria sin saber muy bien qué significaba. Quién sabe si aquello, para bien o para mal, no fue el primer paso hacia una titubeante vocación poética. Esta semana me acercaba con mis alumnos de cuarto de la ESO, al poema "Radio Waves" que Raymond Carver dedica a Machado desde la gratitud de quien siente, de alguna forma, que la poesía le ha salvado la vida. Un texto que, en la versión de Jaime Priede, conserva esa complicidad , imposible de confundir con una lectura de ocasión o una afinidad superficial. Uno siente, como Carver, que, aunque llevemos años sin releerlo, Machado está siempre ahí, como amigo de toda la vida o un viejo confidente. Más allá del aura de santón laico y de su enclaustramiento en el panteón de los programas educativos y de las lecturas escolares, lo cierto es que resulta reconfortante volver a Machado, como quien llama por teléfono a alguien con quien uno perdió el contacto hace ya tiempo y cuya voz de pronto nos suena cálida y familiar. 



ANTONIO MACHADO MEDITA SOBRE EL SUICIDIO EN PORTBOU

Nos cruzamos en un andén vacío. Ensayamos un gesto semejante a un saludo que el cuerpo, o la sombra del cuerpo, se niega a obedecer.

Lejos crepitan las hogueras. Se acumulan recibos, cartas sin contestar, periódicos de hojas amarillentas, profecías. Son arduos los idiomas.

Esperamos la lluvia. Ahora nieva ceniza.