lunes, 31 de agosto de 2020

Elogio del aprendizaje (Bertolt Brecht)

 


Bertolt Brecht, niño


ELOGIO DEL APRENDIZAJE
 
¡Aprende lo más sencillo! Para aquellos
cuyo tiempo ha llegado,
¡nunca es demasiado tarde!
Aprende el ABC, no es suficiente, pero
¡apréndelo! ¡No te desanimes!
¡Comienza! ¡Debes saberlo todo!
¡Debes tomar las riendas!
 
¡Aprende, hombre en el asilo!
¡Aprende, hombre en la cárcel!
¡Aprende, mujer, en la cocina!
¡Aprende, sexagenario!
¡Debes tomar las riendas!
¡Ve a la escuela, tú que no tienes casa!
¡Haz acopio de saber, tú que pasas frío!
Hambriento, agarra el libro: es un arma.
Debes tomar las riendas.
 
¡No tengas miedo de preguntar, camarada!
No te dejes enredar,
ve a verlo por ti mismo.
Lo que no sabes por ti mismo
no lo sabes.
Comprueba la cuenta.
Tú tienes que pagarla.
En cada partida pon el dedo.
Pregunta: esta, ¿de dónde sale?
Debes tomar las riendas.

Bertolt Brecht, 1933 (traducción de J.L.G.T.)

Aquí, el original

 


jueves, 23 de julio de 2020

Alguien canta (Erich Fried)

Erich Fried


ALGUIEN CANTA 

Alguien canta
por miedo
contra el miedo

Alguien canta
por necesidad
contra la necesidad

Alguien canta
desde su época
contra su época

Alguien canta
desde el polvo
contra el polvo

Alguien canta
los nombres
para volver anónimos los nombres.
Erich Fried, und Vietnam und (versión de J.L.G.T.) 

EINER SINGT

Einer singt
aus Angst
gegen Angst

Einer singt
aus Not
gegen Not

Einer singt
aus der Zeit
gegen die Zeit

Einer singt
aus dem Staub
gegen den Staub

Einer singt
von den Namen
die Namen namenlos machen

jueves, 21 de mayo de 2020

Subordinadas temporales (Rudolf Otto Wiemer)




SUBORDINADAS TEMPORALES


Cuando cumplimos seis, tuvimos
sarampión.
Cuando cumplimos catorce, tuvimos
guerra.
Cuando cumplimos veinte, tuvimos
penas de amor.
Cuando cumplimos treinta, tuvimos
niños.
Cuando cumplimos treinta y tres, tuvimos
Adolf.
Cuando cumplimos cuarenta, tuvimos
ataques aéreos.
Cuando cumplimos cuarenta y cinco, tuvimos
escombros.
Cuando cumplimos cuarenta y ocho, tuvimos
recompensa.
Cuando cumplimos cincuenta, tuvimos
ventaja.
Cuando cumplimos cincuenta y nueve, tuvimos
bienestar.
Cuando cumplimos sesenta, tuvimos
piedras en la vesícula.
Cuando cumplimos setenta, habíamos
vivido.

Rudolf Otto Wiemer
(versión: J.L.G.T.)
Aquí, el original

miércoles, 29 de abril de 2020

En la tormenta de las rosas (Ingeborg Bachmann)





EN LA TORMENTA DE LAS ROSAS

Donde sea que vayamos en la tormenta de las rosas,
la noche está iluminada por espinas, y el trueno
del follaje, que fue tan silencioso en los arbustos,
ahora nos pisa los talones.

INGEBORG BACHMANN
(Versión de J.L.G.T.)
Aquí, el original

sábado, 18 de abril de 2020

La infección (y 3). Antígona en los tiempos del coronavirus


Giorgio de Chirico


VI

Otro pensamiento piadoso que se repite estos días: la experiencia de la enfermedad y el aislamiento abre la puerta a una nueva civilización del cuidado, una nueva cultura que tome conciencia de nuestra propia vulnerabilidad y de la de los otros. Pero que algo nos suceda no significa necesariamente que se constituya en experiencia.
Benjamin identificó la afasia de quienes volvían de la Primera Guerra Mundial con una imposibilidad de construir lo vivido como experiencia propia. Paradójicamente, una realidad tan traumática como la de la Gran Guerra encontraba dificultades para formar parte de la trama individual de los individuos que la habían sufrido. Como algo que no cabía alojar en un relato personal y colectivo, y que, por tanto, no podía hacerse lenguaje.

VII

Y, sin embargo, es urgente encontrar palabras. El aislamiento que vivimos corre el riesgo de extremar aún más las tendencias egocéntricas de un mundo, en el que cada vez nos cuesta más hacernos cargos de la vivencia del otro. Ni el encierro es igual para todos, ni constituye, en la mayor parte de los casos, el verdadero trauma. Pero, conforme avanzan los días, los muertos parece cada vez más lejanos. Y eso que tal vez el más doloroso de esta pandemia sea la soledad de los enfermos y los agonizantes, unida a la angustia, por parte de los más próximos, de no poder despedirse. Hemos construido una sociedad de espaldas al duelo, y ahora sentimos de pronto, y de qué manera, la necesidad del luto. Hemos vivido de espaldas a los muertos, y solo ahora nos es posible darnos cuenta. Ahí, en ese lugar vacío, tal vez sea posible construir una experiencia. O al menos constatar de verdad la ausencia de esta.
VIII

Otra vez, Antígona. Antígona en los tiempos del coronavirus es el recuerdo de una piedad que ya no sabemos cómo ejercer. Piedad, más que heroísmo, es tal vez lo que necesitemos ahora.
La palabra “héroe”, tan repetida hoy, despierta en mí –lo confieso—un sentimiento ambiguo. Por una parte, es reconfortante que podamos volver a admirar a alguien. La admiración se nos había vuelto sospechosa, algo casi inverosímil en una sociedad cada vez más narcisista. Apenas sobrevivía, y de manera harto ambigua, en el terreno del deporte. En ese sentido, quizá sea beneficioso recuperar cierta dosis (¿cuánta?) de héroes y heroínas. Por otra parte, sin embargo, la apelación al heroísmo recuerda demasiado a una retórica de guerra. Se trata de algo que excede el puro terreno de la ética y del sentido cívico, por más que, de manera irrisoria, se hayan querido calificar como heroicos actos como quedarse en casa o lavarse las manos. Temo exagerar, pero no puedo evitar preguntarme si una democracia que necesita héroes no corre el riesgo de anhelar también caudillos y victorias.
Tal vez Antígona pueda ser hoy el único rostro aceptable de lo heroico. Antígona, que se nos impone como heroína porque es la antiheroína, la que no entiende, porque no quiere entender, las palabras manchadas de sangre de los héroes, aquella que, en la mirada de María Zambrano, va más allá de la justicia y rechaza contarse entre los victoriosos.

IX

Antígona no puede velar hoy el cadáver de ningún hermano, pero se pasea por los hospitales y por las ucis para recordar que ese lamento, esa protesta contra la muerte, nos constituye como humanos. Antígona está al lado de la muerte, porque quiere estar al lado de la vida. Si al menos aprendiéramos eso, no sería poco. Pero, ay, me temo, el olvido también nos constituye y es tenaz y a menudo más fuerte que la memoria.

    

miércoles, 15 de abril de 2020

La infección, 2





IV

La irrealidad de la realidad, podría escribir, si no temiera caer en un juego de palabras, en ese hilar de pensamientos vanos que tejen una maraña apenas soportable en los periódicos y en las redes sociales. Por un lado, la epidemia ha vuelto inesperadamente real ese mundo que siempre era de los otros, las lejanas comarcas del Ébola y de la malaria, aquello intolerable pero que tolerábamos con tanta facilidad en otras latitudes y colores de piel. Por otro, la cuarentena nos ha vuelto ya definitivamente habitantes de un ciberespacio, que nos da forma tanto como nosotros se la damos. Se repite estos días que la falta de contacto físico, la obligada distancia, va a dar lugar a nuevos modos de relacionarse, cuando al fin esto pase (pero, ¿qué es realmente “esto” que tiene que pasar?).  Aprenderemos –se dice— a valorar un tipo de relación más cercano, más apegado a la presencia real del otro. Y, de nuevo, ¿qué es eso de una “presencia real”? Como si bastara la proximidad física para abolir toda distancia. Se habla con demasiada frecuencia de solidaridad ahora, en este mismo hotel Europa que hace nada mostró su cara más dura con los refugiados, y donde sigue habiendo habitaciones de primera y de ínfima categoría. Mientras, el Último (ese fascinante personaje de Murnau) se prepara para dejar su imaginario puesto de mando y limpiar, con rabia y con tristeza, los lavabos del hotel donde acecha la infección.

V

¿Servirá, por ejemplo, la temida parálisis del mercado para percatarnos del carácter ficcional de una economía, en la que, al parecer, solo los empresarios creaban riqueza, mientras que los trabajadores conformaban una suerte de pasividad informe, al modo de la materia aristotélica? ¿Dejaremos a hablar del trabajo como un maná inmerecido, como un regalo venido de los dioses, que solo cabe agradecer?  Creo que no: que lo más probable es que vivamos esto (otra vez “esto”) como un mal sueño, como un intervalo, tras el cual intentaremos reanudar lo que llamábamos vigilia. En esa normalidad no cuestionada el trabajo individual se percibe solo como el combustible de un perpetuum mobile. No otro mensaje se ha lanzado a nuestros niños y adolescentes: pase lo que pase, la maquinaria debe seguir en funcionamiento. Las tareas escolares como metáfora de un mundo sin aliento, en constante estado de actividad.

domingo, 12 de abril de 2020

La infección, 1





LA INFECCIÓN, 1 

I

No he podido escribir desde los primeros días del encierro. Lo hago ahora e intento rescatar (sin demasiada fe en poder hacerlo) esa primera impresión de irrealidad. Me corrijo: de realidad, pero de realidad en exceso. Como si de pronto nos hubiéramos percatado de que solo podemos soportar una dosis mínima de lo real. Pero lo real se nos pega a la piel, como el olor a lejía que lo invade todo.

II

La lejía (creo) ha dejado manchas en mis muñecas y en el dorso de mis manos. Pienso en mis manos. En las manos. Las manos que han alcanzado un extraño protagonismo estos días, convertidas en agentes de infección, en una amenaza para los otros y para nosotros mismos. Noli me tangere, no tocar, es quizá el lema de estos días, más allá del repetido “Quédate en casa”. Días, por ejemplo, en los que no pocos sanitarios, y sus parejas, optan por dormir en camas separadas, para evitar el contagio y, sobre todo, para no transmitir el virus (que no saben si portan) a los pacientes. Parece el mal argumento de un cuento de terror. Amenazas invisibles, manos convertidas en un apéndice extraño, como aquella vieja película muda, Las manos de Orlac, en la que a un pianista que ha perdido ambas manos le trasplantan, en su lugar, las de un hombre ejecutado por asesinato. La extrañeza de una mano: mano-araña. Manos que matan sin quererlo. Manos también que curan.

                                               III

De esa extraña mezcolanza de realidad e irrealidad parece hecho el insomnio: como si todo lo que el trabajo, las tareas domésticas, los niños… han ido dejando a un lado, se abalanzara sobre uno de pronto por la noche, arrebatándole el sueño. Y eso que ya no está el dolor de los primeros días, la angustia del número de infectados y muertos, ese dolor en gran medida abstracto, en cierto modo prestado y no sé si del todo legítimo. Latía entonces la sospecha de cierta impostura, la de pretender encarnar el dolor de otros. Eso casi ha desaparecido. En su lugar, viene de vez en cuando la culpa por haber incorporado los muertos diarios a lo cotidiano, por celebrar incluso el número de fallecidos que decrece. La muerte convertida no en algo individual, sino en pura suma. O resta. Todo número miente.

domingo, 5 de abril de 2020

Reinado del pez pequeño (Yevgeniy Breyger)


Y. Breyger


REINADO DEL PEZ PEQUEÑO


La mañana en pedazos es llevada a la tarde.
Tierra seca entre los dientes evoca el disolverse
de la caliza, arrastrada por olvidados signos de la mano
de un muerto, que busca nombres en los archivos.

Como gotas de ácido, inútiles sobre piedra, flotando
la tarde es llevada a la noche. Los muertos no son
de noche ellos mismos. Por eso duermen. Por eso en sueños
piensan en las venas de las hojas del arce por las que sin prisa

la vida escapa en pequeñas porciones. Hacia el temblor
de cuerpos delgados, hacia corrientes que desaparecen de [[[[pronto
y ríos que se convierten en mares, el hedor que se forma.
La noche, tal cual es, es llevada a la mañana.


Yevgeniy Breyger 
(versión de J.L.G.T.)
Aquí, el original

sábado, 21 de marzo de 2020

Un suceso feliz (Bertolt Brecht)


Brecht niño con su madre

UN SUCESO FELIZ

Viene corriendo el niño.
¡Mamá, átame el babi!
El babi queda atado.

GLÜCKLICHER VORGANG

Das Kind kommt gelaufen

Mutter, binde mir die Schürze!
Die Schürze wird gebunden.


Bertolt Brecht (versión de J.L.G.T.)

domingo, 15 de marzo de 2020

Galanes (Dagmara Kraus)



Dagmara Kraus


GALANES

Si Casanova hubiera sabido
que su nombre en alemán significa “casa nueva“
seguro que no hubiera sido tan vanidoso
habría fundado con veintitrés años una familia
no habría tardado en trabajar en una compañía de seguros
se habría ofrecido como sacristán en sus ratos libres
en las afueras de una pequeña ciudad del Friul
y habría cerrado el paso a todos sus viejos amoríos

si Casa Nueva supiera
que él se llamaba en italiano “Casanova”
enseguida se enorgullecería de ello
abandonaría a su mujer y sus hijos
daría un portazo a su trabajo de contable
reconocería que le excitan los zapatos de mujer
y comenzaría a escribir con su pluma un minucioso diario
sobre sus conquistas como perseguidor de faldas


Dagmara Kraus (versión de J.L.G.T.)
Aquí, el original

martes, 3 de marzo de 2020

El sistema no tiene fallos (Eugen Gomringer)



EL SISTEMA NO TIENE FALLOS

El sistema no tiene fallos
El sistema no ftiene allos
El sistema no tfiene allos
El sistema no tifene allos
El sistema no tiefne allos
El sistema no tienfe allos
El sistema no tienef allos

Fallos no tienen sistema
No te fallan los sistemas
Nada falta en el sistema
Naide fallos del sistema
Tienen sistema no fallos
sin fasllo tienen istemas
Tien sello en no fistema
Un sisfallo no ten fecha
Le istma tiemes falla no


Eugen Gomringer (versión de J.L.G.T.)
El original aquí

sábado, 25 de enero de 2020

Dos poemas de Yin Xiaoyuan


CURVA DE MARIPOSA X “FICTION CITY" DE BESEECH


Don’t you feel it more than this, if you concentrate
Take a look between the truth and things you cannot see
Try to break that courage chain and leave yourself a while
Step inside your deepest fear and separate this world (Beseech, “Fiction City”)

Vendían pañuelos a lo largo de la Autopista de las Almas, conductores de corazón de leopardo que llevaban máscaras de [[[[[[[águila pararon a comprarlos
Las rutas a la Ciudad de la Ficción estaban atestadas de oscuros [[[[[signos, que cambiaban como las estaciones y la dirección [[[[[del viento
Un pasajero dijo una mentira, pero cuando otro la contó, se [[[[[convirtió en leyenda
“Los sueños estaban en números rojos, las profecías se [[[[[convirtieron en cheques sin fondos”
(Texto censurado) la Teoría del Caos. El aleteo de una mariposa [[[[[puede provocar un tornado, pero no se puede hacer nada [[[[[con la llama del crepúsculo que se posó sobre mi pie [[[[[izquierdo descalzo
Los que llevas máscaras son de Slipknot, y los que se [[[[[envuelven la cabeza con pañuelos, de Lordi
Aquí, mientras tanto, los frikis intentan ocultar sus rostros [[[[[detrás de girasoles en flor que sujetan como sombrillas
El mercurio en el termómetro sube a lo largo de la escala— un [[[[[líquido que no moja, como un meteoro atravesando la [[[[[cúpula de la noche sin dejar rastro
La única área de peaje en el cardiograma está en los intervalos [[[[[de la onda P

Enciende la radio, y ahí estaba “Sunset 28
La carretera de un solo sentido conducía al vacío, y nadie ha [[[[[regresado jamás



EL ASTEROIDE X “ASYLUM” DE VANGUARD

Soft was the Blade that cut my throat
Sweet was the poison I swallowed
Soft was the rope around my neck
And bliss the pain in which I swallowed
-Vanguard -Asylum

Ni bruma ni viento ni superficies curvas ni azúcar ni números [[[[[aleatorios ni láseres de fiesta ni irisdiscencia ni películas de [[[[[terror…
Un loco agita la caja para lograr un estado de superposición de [[[[[ti
Las puertas correderas de su mente se desplazaban por el [[[[[diagrama de Schlegel de un teseracto
Trozos de barniz cayeron y luego, rápidamente volaron, como [[[[[pájaros de[Jean-Claude, en dirección al Polo Norte
Para esto sirve un plano: como un par de corchetes, contenía lo [[[[[visual en lugar de lo concreto
“Club Silencio”, “La habitación de Fermat”… todo se hacía de [[[[[este modo

Se enamoró de su propio reflejo: tan embrujadoramente [[[[[escarlata sobre el agua: pelo color de ébano desplegándose [[[[[de manera exquisita, capa de pieles alzada por el viento, un [[[[[colgante de esmeraldas en su cuello…
Se envolvía en una túnica de satén de color rojo arce 
Cuando unas almas suaves procedentes de lejanas montañas [[[[[aterrizaron a tu lado
No lograste apartar tus mangas de las de tu enemigo más allá de [[[[[la [superficie del agua con tu espada
“John Beroullii reveló que un astroide era un filo deslizándose [[[[[por el marco de una ventana…
¿Por qué elegir un debate en torno a la dicha de los peces  en [[[[[vez de sobre el silencio de los ostracodermos?”
Abre tu puño rencoroso, déjalo ir

Cirios funerarios
Doseles nupciales
Cubiertos de rosas
YIN XIAOYUAN
(Traducción de J. L.G.T.  a partir de las versiones en inglés de la propia autora) 




Yin Xiaoyuan(Yīn Xiǎoyuán, “晓媛” en chino) es una poeta y escritora multilingüe, fundadora de la Escuela de Poesía Enciclopédica (2007), iniciadora del “Movimiento de Escritura Hermafrodita” y redactora jefa de la “Declaración de la Escritura Hermafrodita”. También es directora y diseñadora visual del proyecto de “Escuela de Poesía Enciclopédica I.A. Papercube” y directora del “Taller de Escritura creativa y Arte Integrado” que incluye entre sus miembros a poetas, escritores, dramaturgos, músicos, artistas visuales y del campo de la fotografía, las instalaciones y la caligrafía. Ha publicado 9 libros que incluyen 4 antologías: Recuerdos efímeros, Más allá de Tzolk’in, Trilogía Vanguardista, Agente sembrador de nubes y una traducción de la antología del poeta/artista neoyorkino Bill Wolak Become a River.
Escribe en chino, inglés, japonés, alemán y francés y ha sido traducida al italiano y al español. Su obra se ha publicado en su país y en el exterior. Ha traducido a más de 50 poetas contemporáneos.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Diciembre (Erich Kästner)

Anselm Kiefer


DICIEMBRE

El año envejeció. Le queda poco pelo.
No está en absoluto sano.
Sabe cuál es su último día.
Sabe incluso cuál es la última hora.

Muchas cosas han pasado. Muchas se han perdido.
Todas descansan debajo de la nieve.
Yace blanco el mundo, como en sueños.
Y así, pues, duele la nostalgia.

Todavía la luna crece. Todavía se funde.
No permanece nada. Y nada muere.
Todo es una locura. Todo tiene sentido.
No hace falta que se entienda.

Y otra vez vuelve san Nicolás a caminar
por los sueños de todos los niños.
Y de nuevo florece en cada casa
el árbol verde y dorado.

También fuiste niño. Tú mismo sentiste
cómo el árbol de Navidad, dulce, florece.
Ahora haces de Santa Claus
y ya no crees en él.

Pronto llegará el año a las doce campanadas.
Entonces sonará el metal y dirá:
“El año sabe cuál es su último día
y tú no sabes el tuyo”.


Erich Kästner (versión de J.L.G.T.)
Aquí, el original

martes, 24 de diciembre de 2019

Felices fiestas


Marc Chagall


No es la belleza          

Sucede antes de la belleza. Antes del filo del ojo y la palabra. Sobre la fatiga de la madre el niño es un animal hambriento, la orfandad como herencia, la certeza de una respiración. El cuerpo estrena la sola desnudez, desgrana sin saberlo su impaciencia terrestre. Encima de la mesa la placenta reposa, una bolsa sangrienta, el despojo feliz de la batalla. Caen los segundos como las gotas de un alimento dulce y muy espeso. Escuchamos el eco de un solo, indescifrable corazón.


De Un corte que no sangra

viernes, 6 de diciembre de 2019

El Rey de los Elfos (J.W. Goethe)


  Cuelgo aquí mi versión (algo libre, ma non troppo) del célebre poema de Goethe, "Der Erlkönig", que publiqué por primera vez en la revista Piedra y cielo al hilo de una propuesta de Pilar Martín Gila, quien a su vez la incluyó en su libro, tan inquietante como hermoso, Otro año del mundo. Como la revista ya no está disponible en Internet (ese triste destino de tantas revistas digitales), me ha parecido oportuno traerlo a esta bitácora.


Albert Sterner, "El Rey de los Elfos"


EL REY DE LOS ELFOS

¿Quién cruza a esta hora el viento y la noche?
A caballo el padre que lleva a su hijo.
Se aprieta el pequeño contra su regazo,
seguro cabalga, sin sentir el frío.

“¿Qué te asusta, hijo, que ocultas tu rostro?”
“El Rey de los Elfos, ¿no ves que se acerca?
¿No ves la corona, la sombra ondulante?”
“Hijo mío, es solo un jirón de niebla?”

“Mi querido niño, ven aquí a mi lado,
los más bellos juegos jugaré contigo,
en mi orilla abundan flores tan hermosas,
mi madre posee dorados vestidos”.

“Padre, padre, escucha, ¿acaso no oyes
al Rey de los Elfos susurrar promesas?”
“Tranquilo, hijo mío, estate tranquilo:
el viento murmura en las hojas secas”.

“Dulce muchacho, ¿no quieres venir?
Ahora mis hijas sin duda te aguardan.
Mis hijas conducen la danza nocturna,
te mecen en brazos y bailan y cantan”.

“Padre mío, mira, en ese lugar,
¿no ves a sus hijas allá en la espesura?”.
“Hijo, claro, hijo, ahora lo veo:
los sauces agitan sus frondas oscuras”.

“Te amo. Me hechiza, niño, tu belleza,
aunque te resistas, al fin serás mío”.
“¡Ahora, sí, padre, sus brazos me atrapan!,
¡padre, ay, padre, el Rey Elfo me ha herido!”.

El padre, temblando, azuza el caballo.
Se oye en sus brazos al niño gimiendo.
Casi sin aliento entra en la alquería.
Sobre su regazo el niño está muerto.



J. W. GOETHE (VERSIÓN DE J.L.G.T.)
Aquí, el original