
El montaje es una excusa perfecta para volver al Diario, uno de los textos clave en la lírica del siglo XX. La forma fragmentaria del diario, en tensión con la Obra en marcha, con el Libro con mayúsculas, nos sitúa ante una escritura radicalmente contemporánea. La aparente oposición entre el diario y la Obra va acompañada de un juego constante de tensiones y acercamientos: entre la prosa y el verso, entre el fragmento y la totalidad, entre lo contingente de la vida cotidiana y la permanencia del mar y el cielo, entre la plenitud de una escritura simbólica y simbolista y las líneas de fuga que ofrece el retrato de la vida moderna, entre la despersonalización y el máximo protagonismo del yo... Poesía pura y radicalmente impura, el Diario parece rastrear todos los caminos posibles de la contemporaneidad lírica. Nos sigue sirviendo de cuaderno de bitácora en estos inicios del siglo XXI en el que la rapidez de las autopistas de la información ha vuelto borrosas las indicaciones y confusos los senderos. Esos senderos de la escritura en los que siempre se marcha con cierta lentitud, con el paso tranquilo del caminante o con la monotonía, para Juan Ramón tan fecunda, de uno de aquellos ya antiguos viajes trasatlánticos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario