
lunes, 16 de noviembre de 2009
Monstruo de su laberinto

Mucho tiene que ver con esto el viejo mito según el cual Adán, por decisión divina, dio nombre a todos los seres que habitaban el jardín del Edén. Sin embargo, me asalta la sospecha de que el mito ha sido mal contado. Tal vez Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso precisamente por poner nombre a los seres. Tal vez sea el nombre la puerta cerrada del Edén y la espada de fuego que custodia el jardín. Si esto fuera así, el poema quizá conserve algo de rito inconsciente, de ritual en el que se renueva el relato mítico: el poema como paraíso a la vez recobrado y perdido, perdido en el mismo momento en que se recobra. Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos, como en el misterioso título de Soto de Rojas. Pero el barroco sabía que el símbolo del jardín es hermano del símbolo del bosque, y ambos lo son del laberinto: aun esos pocos que se adentran en los jardines paradisíacos experimentan el extravío, la sospecha de que el ovillo de Ariadna, al desenredarse, va formando otros nudos, teje un nuevo y más intrincado laberinto.
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1 comentario:
Precioso.Gracias.
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