sábado, 16 de octubre de 2010

El enigma cuántico

Uno de los libros que más me han perturbado en los últimos tiempos ha sido El enigma cuántico, un volumen que, si no viniese firmado por dos físicos, uno hubiese arrumbado al rincón de la pseudociencia, o en todo caso, a la estantería más acogedora de la ciencia ficción. Los autores explican con extremada claridad la visión de lo real a la que nos aboca la mecánica cuántica, si bien dicha claridad no supone renunciar al misterio, sino en todo caso aprender a convivir con él. Y es que como dijo uno de los grandes físicos del siglo XX, Richard Feynman, "Nadie entiende la mecánica cuántica". Paradojas como la del gato de Schrödinger o la escandalosa sugerencia de que lo real es creado por un observador, que parece ir incluso más allá de las más aventuradas propuestas de Berkeley y de cierta filosofía oriental, resultan difíciles de asimilar, no ya por el método científico que bebe en los postulados clásicos de Galileo y Newton, sino por nuestra propia estructura mental. ¿Resulta ajeno a su investigación, como afirman los autores, que Schrödinger abrazara el Vedanta, que postula la unidad entre universo y conciencia? Quizá algún físico distraido que entre por azar en esta bitácora me regañe agriamente, por no haber comprendido nada, pero ¿el extraño universo que nos dibuja la física cuántica no tiene algo que ver con lo que Valente llamaba "el enigma de la inmaterialidad de la materia"?

4 comentarios:

Vladimir García Morales dijo...

Hola José Luis. Soy un físico distraído que entra por aquí pero yo no podría regañarte sin regañarme, dado que lo que expresas aquí y con este libro da de lleno en un tema filosófico que me preocupa actualmente de una forma intensa. Creo que la mecánica cuántica abre un camino nuevo a la filosofía sobre la mente, la conciencia y nuestro lugar en el mundo y la necesidad de transformarlo para hacerlo más habitable. Que menciones a Valente en este contexto me parece magnífico dado que pienso que la poesía es el fruto de un empleo "no clásico" (o instrumental) del lenguaje y que contiene reminiscencias del funcionamiento cuántico de la mente. Creo que la intuición, la imaginación y el conocimiento, pueden describirse desde la estructura de la mecánica cuántica. La dualidad entre mente y cuerpo para mí proviene del hecho de que mientras que la primera tiene un funcionamiento esencialmente cuántico, el cuerpo (y también muchos aspectos de la sociedad y del mundo) funciona de una forma clásica. Creo firmemente que el dolor humano, en sus formas diversas, proviene del encaje bárbaro-ortopédico de lo cuántico dentro de lo clásico, un encaje traumático al que contribuye la sociedad con su violencia civilizatoria. Todo esto puede sonar muy esotérico, pero creo que la mecánica cuántica -al menos su estructura matemática- puede conducir aquí a una síntesis progresista entre Marx, Nietzsche, Wittgenstein, Heidegger y la escuela de Frankfurt. Estoy trabajando para intentar mostrar cómo y por qué, arrancando un poco de tiempo a la investigación "oficial" que realizo como físico -y gran parte de mi "tiempo libre". Gracias por mencionar libros interesantes como este y por avivar mi inquietud sobre este tema.

José Luis Gómez Toré dijo...

Muchas gracias, Vladimir, por tus comentarios, tan interesantes, sobre la relación mente-cuerpo y sobre la mecánica cuántica. Creo sinceramente que uno de los caminos más necesarios actualmente es el de buscar vínculos entre la ciencia, el arte y la filosofía, aunque cada uno de esos tres caminos sea imprescindible y deban al mismo tiempo seguir manteniendo su propia identidad...

Miguel Angel Gara dijo...

Y no sólamente la mecánica cuántica José Luis (que ya sería suficiente) sino las implicaciones del péndulo de Foucault o el teorema de incompletitud de Gödel, por poner sólo dos de los ejemplos más célebres, nos advierten desde la misma ciencia que el paradigma científico tiene límites en su idea de comprensión totalizadora de la realidad.
Muy interesante la entrada.

Alfredo J. Ramos dijo...

Hace ya algún tiempo, al menos desde los presocráticos (!), que la física y la poesía convergen en sus intereses obvios, aunque haya hecho falta un rodeo de algunos siglos para que esa evidencia vuelva a tener credibilidad. La teoría cuántica, que como dices probablemente sea incomprensible salvo en sus formulaciones matemáticas (pero estas, como bien demostró Kant, no dicen otra cosa que lo que sus fórmulas transcriben con un lenguaje sin fisuras), tiene su principal paradigma en la dificultad no menor de entender bien qué sea la conciencia y el infinito juego de espejos colgados de la nada en el que su contemplación (siempre autocontemplación) nos sume. Me parece de sumo interés tu comentario y el de Vladimir García. Creo que ambos tocan aspectos fundamentales de la ciencia y el arte de hoy. Y, en efecto, necesitamos una nueva síntesis o confluencia de ciencia, filosofía y poesía, quizás una mejor orientación de nuestros esfuerzos en ambos tres campos. Un saludo.