viernes, 11 de junio de 2010

Corregir exámenes

No sé qué opinan otros profesores, pero para mí la corrección de exámenes es una de las tareas más rutinarias, más perfectamente aburridas del trabajo docente. Entre un examen que te sorprende por su inteligencia o su sensibilidad, hay cientos olvidables. No me extraña que Tolkien comenzara a escribir El Hobbit en una hoja en blanco que había dejado un alumno entre la pila de exámenes que tenía que corregir (la Musa no sólo es hija del entusiasmo, también a menudo del tedio). Con todo, gracias a la corrección de los ejercicios de mis alumnos adolescentes he sabido que los principales impulsores del surrealismo fueron Ortega y Gasset o que en la obra de Lorca aparecen con frecuencia los duendes, disparates que se ofrecen al corrector como un involuntario comic relief en medio de su tediosa tarea. No es cuestión disculpar a los alumnos, que obviamente no habían estudiado nada y si habían estudiado, nada habían entendido, y, en un ejercicio de camuflado paternalismo, echar la culpa al sistema educativo o a las instituciones públicas (por buscar culpables, también se podrían achacar responsabilidades al profesor que esto escribe). Pero lo cierto es que uno se pregunta hasta qué punto la historia de la literatura, tal como aparece diseñada en nuestros sedicentes programas educativos, no sustituye la experiencia de la literatura por un listín telefónico de nombres y obras, que el alumno aprende (en el mejor de los casos) como un catálogo de esos que encuentras en tu buzón y que tal vez hojeas distraidamente, pero sin la menor intención de comprar uno solo de sus productos.

4 comentarios:

FRANCISCO LEÓN dijo...

Saludos, José Luis, desde Canarias. Ya tu sabes quién. Tú me contaste tu historia río Pupuri arriba.

Jun

José Luis Gómez Toré dijo...

Hola, Paco, claro que sé quién eres... Me alegra "verte" por aquí. ¿Qué tal todo?

Raúl Urbina dijo...

Me siento totalmente identificado. Corregir es una pesadilla para los profesores, aunque también es cierto que, de vez en cuando, uno se lleva alguna que otra sorpresa agradable.

No sé muy bien cómo he llegado a este blog, pero estoy encantado del descubrimiento.

José Luis Gómez Toré dijo...

Muchas gracias, Raúl. Me alegra saber que te gusta el blog. Y paciencia si ahora te toca, como a mí, corregir exámenes...